MI HISTORIA

Mi historia
Bienvenidos A Mi Historia
Quiero comenzar agradeciéndote sinceramente el tiempo que vas a dedicar a leer mi historia y a interesarte por mi trabajo.
Las páginas que siguen recogen, de forma resumida, casi dos décadas de investigación, aprendizaje y experiencia en torno a la conciencia, la muerte y la continuidad de la vida.
Son muchos los acontecimientos que han marcado este recorrido, por lo que he seleccionado aquellos que considero más significativos para que puedas comprender cómo ha evolucionado mi trayectoria personal y profesional hasta el día de hoy.
Una parte esencial de mi vida ha estado dedicada a investigar uno de los mayores interrogantes que acompañan al ser humano desde el principio de los tiempos:
LA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE.
Durante años me sumergí en esta búsqueda con una actitud abierta, independiente y profundamente investigadora, tratando de comprender qué ocurre realmente con la conciencia cuando el cuerpo muere y si existe algo en nosotros que sobrevive más allá de la vida física.
Lo que comenzó como una inquietud profundamente personal terminó convirtiéndose en un recorrido de investigación, experiencia y transformación que cambió por completo mi manera de entender la vida, la muerte y la propia existencia.
EL ORIGEN DE MI BÚSQUEDA
Siempre he tenido una mente profundamente investigadora. Por naturaleza soy observador, racional y escéptico de mente abierta. Me cuesta aceptar cualquier afirmación sin antes examinarla con detenimiento, contrastarla y tratar de comprenderla desde todos los ángulos posibles.
Precisamente por eso, cuando este camino comenzó, no lo hizo desde una necesidad de creer, sino desde una necesidad mucho más profunda para mí: la de comprender.
Mi interés por la vida después de la muerte no nació a raíz de una pérdida personal, de una situación de sufrimiento, de una crisis existencial ni de una búsqueda espiritual. Como ocurre con muchas personas que se acercan a estos temas, no estaba tratando de encontrar consuelo, de llenar un vacío emocional ni de aferrarme a una idea que calmara el miedo a la muerte. De hecho, hasta entonces nunca había dedicado una atención especial a estas cuestiones. No era un tema que ocupara mi vida ni una inquietud que me acompañara desde siempre.
Todo comenzó en el año 2007, a raíz de una conversación con un sacerdote que había vivido una experiencia cercana a la muerte durante un coma. Lo que me contó me impactó profundamente. No estaba escuchando una teoría, una interpretación religiosa o una simple creencia. Estaba escuchando el relato de alguien que aseguraba haber vivido una experiencia tan intensa, tan real y tan transformadora, que había puesto en cuestión gran parte de aquello que hasta entonces había creído y defendido dentro de su propia religión.
Aquella conversación despertó en mí una inquietud que ya no volvió a abandonarme. Desde ese momento se instaló dentro de mí una necesidad imperiosa de saber.
Lo que había comenzado como una simple curiosidad se convirtió muy pronto en una búsqueda profunda. Empecé a leer, a investigar y a sumergirme en todo lo relacionado con las experiencias cercanas a la muerte, tratando de comprender qué eran realmente, qué se sabía sobre ellas y hasta qué punto podían revelar algo esencial sobre la conciencia y sobre la posibilidad de que la vida continuara más allá de la muerte física.
Sin saberlo, aquel día se abrió el camino que acabaría marcando gran parte de mi vida.
INVESTIGACIÓN Y EXPERIENCIA
Las experiencias cercanas a la muerte fueron el primer gran núcleo de mi investigación. Durante años me sumergí en el estudio de este fenómeno a través de libros, testimonios, entrevistas e investigaciones, tratando de comprender qué ocurría realmente en ese tipo de vivencias y qué podían estar revelando sobre la naturaleza de la conciencia.
Con el tiempo empecé también a escuchar y recoger testimonios directos de personas que habían vivido una experiencia cercana a la muerte. Aquello supuso un punto de inflexión dentro de mi propia investigación. Ya no se trataba únicamente de estudiar casos documentados, sino de escuchar de primera mano a personas que aseguraban haber vivido algo capaz de transformar por completo su manera de entender la vida, la muerte y su propia existencia.
Había algo en muchos de esos relatos que me impactaba profundamente. No solo por la intensidad de lo que describían, sino por la huella que aquella experiencia había dejado en sus vidas. En muchos casos, quienes habían pasado por una experiencia cercana a la muerte hablaban desde un lugar de certeza, de paz y de transformación interior que difícilmente podía reducirse a una simple elaboración mental, a una sugestión o a una necesidad de consuelo.
A medida que avanzaba en esa investigación, empecé a observar un patrón que se repetía una y otra vez. Personas de contextos muy distintos, con creencias diferentes e historias de vida completamente ajenas entre sí, describían elementos sorprendentemente similares. Cuanto más profundizaba, más evidente se hacía para mí que no estaba ante un puñado de relatos aislados, sino ante un fenómeno mucho más amplio, mucho más complejo y mucho más revelador de lo que había imaginado al principio.
Sin embargo, cuanto más investigaba las experiencias cercanas a la muerte, más comprendía que la búsqueda no podía limitarse únicamente a ese fenómeno. Poco a poco fui descubriendo que existían otros muchos fenómenos relacionados con la conciencia y con el proceso de morir que, desde perspectivas muy distintas, parecían apuntar hacia una misma dirección.
Fue entonces cuando mi investigación comenzó a ampliarse de forma natural.
Empecé a adentrarme en todo lo relacionado con las experiencias en el lecho de muerte y con los fenómenos que pueden producirse en los momentos finales de la vida. Profundicé en la lucidez terminal, uno de los fenómenos que más me ha impactado a lo largo de estos años: esos casos en los que personas con un deterioro neurológico severo, con demencias avanzadas o con enfermedades profundamente incapacitantes recuperan, poco antes de morir, la claridad, el reconocimiento, la coherencia y la presencia de una manera tan inesperada como difícil de explicar desde una visión exclusivamente materialista de la mente y del cerebro.
Mi investigación me llevó también a explorar la reencarnación, los recuerdos espontáneos de otras vidas, la mediumnidad auténtica —física y mental—, la transcomunicación instrumental, las comunicaciones después de la muerte, la xenoglosia, los estados expandidos de conciencia y numerosos fenómenos que, aunque muy distintos entre sí, parecían rozar una misma frontera y abrir todos ellos una misma posibilidad de fondo: que la conciencia sobrevive a la muerte física.
A lo largo de esos años entrevisté a cientos de personas, escuché testimonios profundamente transformadores y dediqué una parte muy importante de mi vida a estudiar e investigar algunos de los fenómenos más extraordinarios relacionados con la conciencia y con su posible continuidad más allá de la muerte física. Analicé investigaciones científicas, revisé estudios publicados en distintos países, asistí a congresos, conferencias y formaciones especializadas, y mantuve contacto con profesionales y especialistas que llevaban décadas dedicados al estudio de estos fenómenos desde perspectivas muy diversas.
Mi intención nunca fue defender una creencia determinada ni encontrar argumentos que confirmaran una idea preconcebida. Mi objetivo seguía siendo el mismo que al principio: comprender.
Pero con el paso del tiempo entendí también algo importante: por mucho que uno lea, compare, analice o investigue, hay determinadas cuestiones que no pueden comprenderse plenamente solo desde fuera. Había fenómenos que necesitaban ser observados de cerca, vividos, contrastados y explorados también desde la experiencia directa.
Y fue precisamente ahí donde mi búsqueda dio un paso decisivo.
LA EXPERIENCIA DIRECTA
Con el tiempo comprendí que había una parte de esta búsqueda que no podía resolverse únicamente a través de libros, estudios, testimonios o entrevistas. Ya no me bastaba con investigar lo que otros habían vivido. Sentí la necesidad de acercarme a muchos de esos fenómenos también desde la experiencia personal, de observarlos con mis propios ojos, de contrastarlos en primera persona y de adentrarme en ellos no solo como investigador, sino también como experimentador.
Una de las experiencias que más me marcó fue el contacto con el final de la vida y con todo lo que sucede en ese umbral tan delicado y tan profundamente humano que es el lecho de muerte. Acompañar a personas en sus últimos momentos ha sido, para mí, una de las vivencias más hondas que se pueden experimentar. Estar al lado de alguien cuando se encuentra en el tramo final de su vida, acompañar su tránsito y presenciar lo que a veces ocurre en esos instantes, transforma profundamente la forma de mirar la muerte, pero también la forma de mirar la vida.
Pude comprobar que, en ese proceso, a veces sucede algo extraordinario. Personas en sus últimos momentos de vida relatan la presencia de seres queridos ya fallecidos, describen encuentros, visiones, mensajes de calma o experiencias de una lucidez y una serenidad difíciles de encajar en una visión puramente materialista de la mente. En otras ocasiones, son los propios familiares o acompañantes quienes perciben fenómenos profundamente impactantes en torno al tránsito, experiencias que dejan en ellos una huella imposible de olvidar.
Pero si hubo algo que me impresionó de una manera especial fue la lucidez terminal. Ver cómo personas con Alzheimer avanzado, demencias o graves deterioros neurológicos recuperaban de forma repentina la claridad, el reconocimiento, la coherencia y la presencia en sus últimos momentos de vida supuso para mí una de las evidencias más conmovedoras y difíciles de ignorar de todo mi recorrido. Presenciar cómo alguien que llevaba tiempo desconectado de sí mismo parecía, de pronto, volver a estar plenamente presente y consciente, despedirse, reconocer a sus seres queridos o expresar con total claridad aquello que durante tanto tiempo había parecido inaccesible, fue algo que me impactó profundamente.
A lo largo de esos años también me acerqué a la mediumnidad, tanto mental como física, y a la transcomunicación instrumental, con la misma actitud con la que había afrontado todo lo demás: apertura, rigor y necesidad de comprender. No me interesaba alimentar creencias ni aceptar nada sin más, sino observar, contrastar y experimentar de primera mano hasta dónde podían llevar esos fenómenos y qué podía haber de real en ellos. Y la experiencia con ambos fenómenos, fue formidable.
También escuché y acompañé a personas que, tras atravesar experiencias profundamente extraordinarias, habían visto transformada su vida por completo. Personas que ya no hablaban de la muerte desde el miedo, sino desde la certeza de que la vida no terminaba con la desaparición del cuerpo. Personas que habían perdido el temor a morir, que habían cambiado radicalmente su manera de entender la existencia y que transmitían una serenidad difícil de explicar si todo aquello no hubiera dejado en ellas una huella absolutamente real.
Todo eso fue transformando mi manera de mirar la conciencia y la vida. Y me llevó a comprender, cada vez con más claridad, que existe una diferencia enorme entre conocer algo intelectualmente y vivirlo en primera persona. Los libros pueden aportar conocimiento. La investigación puede aportar comprensión. Pero la experiencia tiene la capacidad de transformar por completo nuestra manera de percibir la realidad.
ESTADOS EXPANDIDOS DE CONCIENCIA
A medida que mi investigación avanzaba, hubo un fenómeno que empezó a reclamar mi atención de una forma cada vez más intensa: los Estados Expandidos de Conciencia.
Al principio no terminaba de comprender de qué manera una experiencia de ese tipo podía aportar información relevante sobre la continuidad de la conciencia tras la muerte física. De hecho, fue uno de los últimos fenómenos en incorporarse a mi investigación. Sin embargo, tras asistir a un congreso y profundizar en su estudio, comprendí que merecía ser investigado con la misma apertura, rigor y honestidad con la que había abordado todos los demás fenómenos.
Comencé a estudiar todo lo relacionado con los Estados Expandidos de Conciencia, pero pronto comprendí algo esencial: hay fenómenos que no pueden entenderse únicamente desde los libros o la observación. Si quería comprenderlos de verdad, tenía que experimentarlos en primera persona.
Por ese motivo decidí formarme profundamente en hipnosis y en el trabajo con los Estados Expandidos de Conciencia. No buscaba aprender una técnica más, sino comprender desde dentro aquello que llevaba años investigando desde fuera.
EL DESPERTAR DE MI CONCIENCIA
Durante ese proceso no solo observé lo que sucedía en otras personas. También viví mi propia experiencia en un Estado Expandido de Conciencia.
Aquella experiencia fue, probablemente, una de las vivencias más transformadoras de toda mi trayectoria personal e investigadora.
Aquella experiencia despertó profundamente mi conciencia y transformó para siempre mi manera de comprender la vida, la muerte y la naturaleza de la conciencia. Comprendí que existe una enorme diferencia entre estudiar la conciencia y experimentarla.
El conocimiento puede enseñarnos muchas cosas, pero solo la experiencia tiene la capacidad de transformar profundamente nuestra manera de comprender la realidad.
Con el tiempo comprobé que los Estados Expandidos de Conciencia no solo permitían acceder a profundas transformaciones personales, sino también explorar fenómenos como los aparentes recuerdos de vidas pasadas y otros estados de conciencia de enorme profundidad.
Aquella experiencia cambió por completo el rumbo de mi investigación. Comprendí que los Estados Expandidos de Conciencia eran una extraordinaria vía de exploración de la conciencia humana y el punto de partida del ensayo experiencial que, años más tarde, daría origen al Análisis de la Conciencia y a la Hipnosis Expansiva.
UNA CONVICCIÓN NACIDA DE LA INVESTIGACIÓN, LA EXPERIENCIA Y EL TIEMPO
Sé que muchas personas piensan que, si no eres científico, médico o perteneces a una profesión similar, tu opinión tiene menos credibilidad. Sin embargo, también he aprendido que un título, por sí solo, no convierte a nadie en una autoridad para hablar sobre los fenómenos psíquicos, ya que se trata de un campo que requiere una formación y una investigación muy específicas.
Para hablar con fundamento sobre estos fenómenos es necesario implicarse, investigarlos, estudiarlos y experimentarlos. También sé que hay muchas personas que hablan de lo que otros han investigado, de lo que han leído o de los vídeos que han visto, y llegan a convertirse en referentes sin haber tenido una experiencia directa.
Para mí, la verdadera credibilidad la tienen quienes, además de formarse, han dedicado años a investigar, experimentar y vivir estos fenómenos en primera persona.
También sé que muchas personas dudarán de lo que cuento, y puedo comprenderlo perfectamente. Yo también dudé durante muchos años. De hecho, creo que dudar forma parte de la experiencia humana y del propio proceso de investigación.
Conozco a muchas personas que hablan de estos temas con absoluta convicción y se han convertido en referentes. Sin embargo, tengo la impresión de que, en muchos casos, esa convicción no nace de evidencias obtenidas por ellos mismos, sino de lo que han leído, escuchado o aprendido de otros. Por eso creo que, en el fondo, sus dudas no son muy diferentes de las que puede tener cualquier otra persona.
En mi caso, no fueron las creencias las que cambiaron mi manera de pensar, sino los años de investigación, las experiencias vividas y las evidencias que fui encontrando a lo largo del camino.
Después de todo lo vivido, estudiado e investigado durante estos años, mi conclusión personal es clara.
No se trata de una creencia que haya adoptado ni de una idea que haya elegido porque me resulte reconfortante. Es la conclusión a la que he llegado tras dedicar una gran parte de mi vida a investigar, contrastar, experimentar y profundizar en esta cuestión desde perspectivas muy diferentes.
No pretendo que nadie llegue a la misma conclusión únicamente porque yo lo afirme. Cada persona debe investigar, cuestionar y encontrar sus propias respuestas. Yo solo puedo compartir honestamente la conclusión a la que he llegado después de todo este recorrido.
Mi conclusión es:
La Vida Continúa Tras La Muerte Física.
No me baso en la esperanza. Me baso en lo que he investigado, vivido y experimentado durante todos estos años. En los testimonios escuchados. En los fenómenos observados. En las experiencias vividas. En el trabajo con la conciencia. En las comprensiones nacidas de la investigación, pero también de la experiencia directa.
Y comprender esto no solo transformó mi manera de entender la muerte. Transformó, sobre todo, mi manera de entender la vida.
Porque cuando uno deja de mirar la muerte como un final absoluto, también cambia su forma de mirar el tiempo, el sufrimiento, el miedo, el amor, la pérdida y el sentido mismo de estar aquí.
Cambia la forma de vivir.
Cambia la forma de amar.
Cambia la forma de despedirse.
Y cambia, por completo, la manera de comprender quiénes somos realmente.
Después de casi dos décadas de búsqueda, investigación y experiencia, si hay algo de lo que hoy estoy profundamente convencido es de que la conciencia no desaparece cuando el cuerpo muere.
La vida no termina.
Continúa.
Y comprenderlo, sentirlo y vivirlo… lo cambia todo.
EL MOMENTO DE COMPARTIR
Después de más de una década dedicada a la investigación, al estudio y a la experimentación de fenómenos relacionados con la conciencia, sentí que había llegado el momento de compartir todo lo aprendido.
Comprendí que aquel conocimiento y toda la experiencia acumulada durante esos años no podían quedarse únicamente en mí. Necesitaba ponerlos por escrito, transmitirlos y ofrecer a otras personas una forma de acercarse a las preguntas que habían guiado mi propia búsqueda.
Mis Libros
Mi intención inicial era escribir La Prueba del Alma, una obra en la que pudiera reunir las investigaciones, evidencias y experiencias acumuladas durante años sobre la continuidad de la conciencia tras la muerte física.
Sin embargo, antes sentí la necesidad de escribir un libro diferente. Quería acercar estos temas de una forma más humana, cercana y accesible. Así nació Morir para Sentirse Vivo, una novela con la que traté de transmitir, a través de una historia, muchas de las reflexiones y comprensiones que habían transformado mi manera de entender la vida, la muerte y la conciencia.
Después retomé La Prueba del Alma, donde reuní gran parte de mi trabajo de investigación sobre la supervivencia de la conciencia tras la muerte física.
Ambos libros nacieron de una misma necesidad: compartir aquello que había transformado profundamente mi forma de comprender la vida, la muerte y la propia existencia.
La publicación de estas obras no marcó el final de mi investigación. Al contrario, supuso el comienzo de una nueva etapa que, poco después, daría lugar a la creación de la Sociedad Científica de Investigación Psíquica (SCIP).
LA SOCIEDAD CIENTÍFICA DE INVESTIGACIÓN PSÍQUICA (SCIP)
Durante aquellos años tuve la oportunidad de colaborar con científicos, médicos, psicólogos, investigadores y profesionales de distintos países que compartían una misma inquietud: comprender, desde el rigor y la experiencia, los fenómenos relacionados con la conciencia y su posible continuidad tras la muerte física.
Sentía que todo ese conocimiento no podía permanecer disperso. Por ello, en 2019 fundé la Sociedad Científica de Investigación Psíquica (SCIP), con el propósito de reunir a profesionales de diferentes disciplinas para investigar conjuntamente, compartir experiencias, contrastar resultados y divulgar las investigaciones sobre la conciencia.
La Sociedad reunió a médicos, psiquiatras, psicólogos, ingenieros, investigadores y personas con reconocidas capacidades psíquicas, organizados en distintos equipos de investigación y análisis científico. Sus objetivos eran claros: divulgar el conocimiento científico sobre la continuidad de la conciencia e investigar los fenómenos psíquicos desde una perspectiva rigurosa, abierta y multidisciplinar.
La creación de la SCIP marcó un punto de inflexión en mi trayectoria, al pasar de una investigación individual a un trabajo desarrollado junto a equipos formados por profesionales de diferentes ámbitos.
Fue precisamente en el seno de la Sociedad donde nacieron los Encuentros Isabela.
LOS ENCUENTROS ISABELA
Los Encuentros Isabela fueron concebidos como un espacio de investigación y experimentación donde profesionales y asistentes podían observar y participar directamente en el estudio de fenómenos relacionados con la conciencia.
Durante estos encuentros se realizaron investigaciones sobre Estados Expandidos de Conciencia, hipnosis, transcomunicación instrumental (TCI), mediumnidad y otros fenómenos, siempre bajo la observación y documentación de profesionales de distintas disciplinas.
Sin embargo, con el paso del tiempo comprendí que aquellos encuentros estaban produciendo algo mucho más profundo que la propia investigación.
Muchas personas llegaban tras haber perdido a un ser querido. Buscaban respuestas, pero sobre todo buscaban esperanza. Allí pude observar cómo muchas de ellas transformaban su manera de comprender la muerte, recuperaban la paz y encontraban una nueva forma de vivir el duelo.
Aquella experiencia cambió también mi forma de investigar. Comprendí que la investigación sobre la conciencia no solo podía ampliar nuestro conocimiento, sino también convertirse en una herramienta capaz de aliviar el sufrimiento humano.
Mientras todo esto sucedía, otra investigación avanzaba de forma paralela y terminaría convirtiéndose en uno de los proyectos más importantes de toda mi trayectoria: el ensayo experiencial que daría origen al Análisis de la Conciencia y a la Hipnosis Expansiva.
ENSAYO EXPERIENCIAL SOBRE LOS ESTADOS EXPANDIDOS DE CONCIENCIA
Durante casi dos años llevé a cabo una investigación basada en más de 800 Análisis de la Conciencia para estudiar los fenómenos que emergen en los Estados Expandidos de Conciencia.
Este ensayo experiencial nació con dos objetivos muy claros.
El primero consistía en investigar si la repetición de experiencias en un elevado número de personas podía aportar evidencias sobre fenómenos como los aparentes recuerdos de vidas pasadas, la xenoglosia, la obtención de información histórica posteriormente contrastable y otros procesos relacionados con la posible continuidad de la conciencia tras la muerte física.
El segundo objetivo era desarrollar una metodología propia. Tras años de formación en hipnosis, Estados Expandidos de Conciencia y diferentes técnicas de exploración de la conciencia, necesitaba comprobar qué procedimientos resultaban realmente eficaces y desarrollar un método basado en la investigación, la observación y la experiencia directa.
Es importante señalar que este ensayo no tuvo una finalidad terapéutica, sino exclusivamente investigadora. Su único propósito fue observar, registrar y estudiar con el mayor rigor posible los fenómenos que emergían durante las sesiones.
La extraordinaria repetición de aparentes recuerdos de vidas pasadas, casos de xenoglosia, información histórica posteriormente contrastada y otros fenómenos relacionados con la conciencia me llevaron a considerar que había obtenido un conjunto de evidencias observacionales que respaldaban la necesidad de seguir investigando estos fenómenos con la máxima seriedad.
Toda aquella experiencia fue dando forma, de manera natural, a una nueva forma de trabajar. Así nació el Análisis de la Conciencia, fruto de la investigación, la experimentación y la observación directa de cientos de experiencias.
La Hipnosis Expansiva tuvo un origen diferente. Durante el ensayo comprobé que, en determinadas personas, era necesario facilitar el acceso a estados más profundos de conciencia mediante inducciones hipnóticas que iba creando y perfeccionando durante las propias sesiones, adaptándolas a la experiencia de cada participante. Con el paso del tiempo, ese trabajo dio lugar al nacimiento de la Hipnosis Expansiva.
Aquel ensayo no solo amplió profundamente mi comprensión sobre la conciencia. También marcó el nacimiento del Análisis de la Conciencia y de la Hipnosis Expansiva, metodologías que continúan evolucionando a través de la investigación y que, años más tarde, darían origen al Instituto Blasco y a la línea de investigación que hoy continúa desarrollándose.
INSTITUTO BLASCO
Cuando el Análisis de la Conciencia y la Hipnosis Expansiva alcanzaron un grado suficiente de desarrollo y solidez, comprendí que era necesario crear una institución que permitiera preservar, investigar, desarrollar y transmitir todo ese conocimiento con el mismo rigor con el que había sido construido.
Así nació el Instituto Blasco, un proyecto dedicado a la investigación, la formación y el estudio de la conciencia a través de los Estados Expandidos de Conciencia.
El Instituto representa la síntesis de casi dos décadas de investigación, formación y experiencia.
Su finalidad es doble: continuar investigando la conciencia, seguir perfeccionando estas metodologías y formar nuevos profesionales capaces de aplicarlas con el mismo rigor, respeto y compromiso con el que fueron desarrolladas.
Hoy el Instituto continúa desarrollando y perfeccionando estas metodologías gracias a la investigación continua, la experiencia acumulada y las aportaciones que surgen de cada nueva formación.
FORMACIÓN DE ANALISTAS DE LA CONCIENCIA
Uno de los pilares fundamentales del Instituto Blasco es la Formación de Analistas de la Conciencia.
Esta formación nace con el propósito de transmitir, tanto desde la teoría como desde la práctica, el Análisis de la Conciencia, la Hipnosis Expansiva y todo el conocimiento adquirido a lo largo de casi dos décadas de investigación, experimentación y experiencia en el estudio de la conciencia.
Los alumnos aprenden las metodologías, sus protocolos de aplicación y el acompañamiento durante los Estados Expandidos de Conciencia, integrando una comprensión profunda sobre la conciencia, la vida, la muerte, la energía y el proceso evolutivo del ser.
Pero esta formación va mucho más allá del aprendizaje técnico. Antes de acompañar a otras personas, considero esencial que cada alumno recorra su propio camino de autoconocimiento. Por ello, la formación constituye también un profundo proceso de transformación personal, donde comprender, integrar y liberar aquellos aspectos que condicionan la propia vida.
Mi propósito nunca ha sido únicamente formar analistas. Ha sido formar profesionales capaces de investigar, acompañar y seguir desarrollando estas metodologías con el mismo rigor, compromiso y espíritu investigador con el que fueron creadas.
Porque cuando una persona comprende algo esencial sobre sí misma, no solo cambia su forma de pensar. Cambia su forma de vivir.
MI FORMACIÓN EN METAFÍSICA
Después de años de investigación, experiencia directa y trabajo con los Estados Expandidos de Conciencia, sentí la necesidad de dar un paso más. Ya no se trataba únicamente de investigar fenómenos o contrastar experiencias, sino de encontrar un marco de comprensión que me ayudara a integrar todo lo que había estudiado, vivido e investigado durante tantos años.
Fue entonces cuando la metafísica comenzó a ocupar un lugar fundamental en mi trayectoria.
Mi acercamiento a esta disciplina no nació de un interés meramente académico ni de la búsqueda de un título. Nació, una vez más, de la necesidad de comprender. Necesitaba una visión más amplia que me ayudara a dar sentido a muchos de los fenómenos que llevaba años observando: las experiencias cercanas a la muerte, la lucidez terminal, los Estados Expandidos de Conciencia, las aparentes vidas pasadas y la dimensión espiritual del ser humano.
Con ese propósito decidí formarme en metafísica en una universidad privada de Estados Unidos, donde cursé un Máster en Estados Expandidos de Conciencia y posteriormente desarrollé un Doctorado en Metafísica con una investigación centrada en la supervivencia de la conciencia tras la muerte física. Este recorrido me permitió reunir, ordenar y dar profundidad a gran parte del trabajo que había desarrollado durante más de una década de investigación.
Aquella formación no sustituyó mi investigación. La enriqueció.
La metafísica me permitió integrar y ampliar mi comprensión sobre la conciencia, el alma, el propósito de la vida, el sentido del sufrimiento y la muerte entendida como un tránsito de la conciencia hacia una realidad más amplia.
Gracias a esa nueva perspectiva pude seguir desarrollando nuevos proyectos de investigación con un enfoque más sólido e integrador. Uno de ellos sería el ensayo que posteriormente presentaría al Bigelow Institute for Consciousness Studies, donde tuve la oportunidad de exponer parte de mi trabajo investigador en un contexto internacional.
BIGELOW INSTITUTE FOR CONSCIOUSNESS STUDIES (BICS)
En 2021 reuní una parte importante de mi trabajo de investigación para presentarlo al Bigelow Institute for Consciousness Studies (BICS), una institución internacional dedicada al estudio científico de la supervivencia de la conciencia tras la muerte física.
La convocatoria reunió a alrededor de 1.300 investigadores de todo el mundo. Tras el proceso de evaluación, mi ensayo fue aceptado entre los aproximadamente 200 trabajos seleccionados, al cumplir los requisitos establecidos por el comité científico del instituto.
Más allá del propio certamen, aquella experiencia me permitió sintetizar años de investigación, compartir mi trabajo en un contexto internacional y reafirmar mi compromiso con una investigación abierta, rigurosa e interdisciplinar sobre la naturaleza de la conciencia.
Ese compromiso continúa guiando mi trabajo en la actualidad y encuentra su continuidad en el proyecto de investigación más ambicioso que he impulsado hasta la fecha: el Estudio Prospectivo Multicéntrico sobre el Análisis de la Conciencia.
ESTUDIO PROSPECTIVO MULTICÉNTRICO SOBRE EL ANÁLISIS DE LA CONCIENCIA
Después de años de investigación, del desarrollo del Análisis de la Conciencia y de la Hipnosis Expansiva, comprendí que había llegado el momento de evaluar científicamente esta metodología.
Con ese propósito impulsé el Estudio Prospectivo Multicéntrico sobre el Análisis de la Conciencia, el proyecto de investigación más importante de mi trayectoria hasta la fecha. Su objetivo es aportar evidencia científica sobre la eficacia del Análisis de la Conciencia mediante un protocolo prospectivo, multicéntrico y herramientas de evaluación estandarizadas.
Este estudio representa la continuidad natural de un camino que comenzó hace casi dos décadas y refleja mi compromiso con una investigación cada vez más rigurosa, basada en la observación, la evidencia y el espíritu crítico.
EL VERDADERO SENTIDO DE MI INVESTIGACIÓN
Después de muchos años investigando la conciencia, hay una conclusión a la que nunca habría llegado únicamente leyendo investigaciones, analizando casos o desarrollando metodologías.
Las personas han sido mi mayor aprendizaje.
He tenido el privilegio de acompañar a cientos de personas en algunos de los momentos más difíciles de sus vidas. Personas que habían perdido a un hijo, a su pareja, a sus padres o a alguien que representaba una parte esencial de su existencia. También personas que buscaban comprender experiencias que habían transformado por completo su manera de entender la vida y la muerte.
Muchas de ellas llegaron buscando respuestas. Pero, con el tiempo, comprendí que, en realidad, casi todas buscaban lo mismo: esperanza.
Los Encuentros Isabela, las sesiones de Análisis de la Conciencia, la formación y los diferentes espacios de encuentro me permitieron contemplar algunas de las transformaciones más profundas que he presenciado durante toda mi trayectoria. Vi cómo personas que llevaban años viviendo desde el dolor comenzaban a recuperar la paz. Vi cómo muchas dejaban de contemplar la muerte como un final absoluto y empezaban a vivir con una comprensión diferente de la vida, del amor y de quienes ya no están físicamente.
Aquellas experiencias también me transformaron profundamente. Comprendí que el verdadero valor de toda investigación no reside únicamente en las respuestas que puede ofrecer, sino en su capacidad para aliviar el sufrimiento humano y ayudar a las personas a vivir con una mirada diferente.
Desde hace más de una década acompaño, de forma completamente altruista, a personas que atraviesan procesos de duelo y final de vida. A lo largo de estos años también he impulsado encuentros destinados a ofrecer comprensión, acompañamiento y esperanza, especialmente a madres y padres que habían perdido a un hijo.
He dedicado gran parte de mi vida a investigar qué ocurre cuando morimos. Sin embargo, el aprendizaje más importante que he recibido durante este camino no tiene que ver con la muerte, sino con la vida.
He aprendido que estamos aquí para comprender, para crecer, para amar y para ayudar a otros a recorrer su propio camino.
Porque, después de todo este recorrido, he llegado a la convicción de que investigar la conciencia nunca ha consistido solo en comprender qué ocurre cuando morimos. Ha consistido, sobre todo, en ayudar a que las personas vivan con menos miedo, con más paz y con una comprensión más profunda del valor de la vida y del amor.
GRATITUD
Cuando inicié este camino solo tenía una pregunta: quería comprender qué ocurre cuando morimos.
Nunca imaginé que aquella inquietud terminaría llevándome a recorrer casi dos décadas de investigación, escribir libros, crear una sociedad científica, desarrollar metodologías propias, fundar el Instituto Blasco y dedicar mi vida a la investigación, la formación y el acompañamiento de las personas.
Mirando atrás, siento una profunda gratitud. Gratitud por las personas que he conocido, por las historias que me han confiado y por el privilegio de acompañarlas en algunos de los momentos más importantes de sus vidas.
Si algo he aprendido durante todos estos años es que el conocimiento solo adquiere verdadero sentido cuando ayuda a aliviar el sufrimiento, aporta comprensión y nos permite vivir con una mirada diferente.
No pretendo convencer a nadie de nada. Simplemente comparto aquello que he vivido, investigado y aprendido para que cada persona pueda extraer sus propias conclusiones y recorrer su propio camino.
Porque, después de todo este recorrido, he comprendido que investigar la conciencia nunca ha consistido únicamente en descubrir qué ocurre cuando morimos.
Ha consistido, sobre todo, en comprender mejor la vida, valorar cada instante y aprender a vivir con menos miedo y más amor.
MI PRESENTE
Hoy continúo dedicando mi vida a la investigación, la formación y el acompañamiento de las personas. El Instituto Blasco, el desarrollo del Estudio Prospectivo Multicéntrico, la formación de nuevos Analistas de la Conciencia, la Hipnosis Expansiva y los proyectos que siguen naciendo representan la continuidad natural de un camino que comenzó hace casi dos décadas con una simple pregunta.
Mi propósito sigue siendo el mismo: investigar la conciencia con el mayor rigor posible, compartir lo aprendido y contribuir a que otras personas comprendan mejor la vida, la muerte y la naturaleza profunda de la conciencia.
Sé que todavía queda mucho por descubrir. Y precisamente por eso continúo investigando con la misma curiosidad, el mismo compromiso y la misma ilusión que me impulsaron desde el primer día.
Nacho Blasco